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Introducción
Las simulaciones de gestión de empresa son unas potentes
herramientas de aprendizaje que hacen posible que los
participantes en las mismas puedan aprender sobre los
factores que influyen en las distintas áreas de sus negocios
comunicándose, argumentando, negociando, compitiendo,
tomando decisiones, alcanzando compromisos y poniendo a
prueba sus ideas de manera creativa sin exponerse a los
riesgos propios de una situación real.
Los participantes tienen que manejar información -cuantitativa
y cualitativa- y fijarse objetivos que podrán alcanzar total
o parcialmente. Experimentan también las consecuencias de
sus propias decisiones y acciones y tienen que hacer frente
a las múltiples incertidumbres surgidas de la incompleta
comprensión que tienen de la situación y de las acciones de
sus competidores y de otras entidades externas.
Las simulaciones no pueden ofrecer una experiencia real,
pero ofrecen lo más parecido a la misma, una experiencia
indirecta de carácter casi adictivo por la fuerte motivación
que generan en los participantes gracias a su carácter
participativo e interactivo y a los factores competitivos
que producen altos niveles de compromiso.
La gran mayoría de los participantes en simulaciones de
empresa mencionan que su participación en las mismas fue su
experiencia de aprendizaje más provechosa y memorable.
En 1999 se interrogó, mediante una encuesta, a Directores y
Responsables de Formación de todo tipo de organizaciones en
el Reino Unido sobre los beneficios de las simulaciones de
empresa como herramienta de formación. Los resultados de la
encuesta demostraron que las simulaciones ayudan a los
participantes a:
Comprender la interrelación entre las diferentes áreas
funcionales de su empresa y conocer mejor aquellas en las
que no son especialistas
Desarrollar las habilidades para el trabajo en equipo. Las
simulaciones muchas veces hacen posible que se formen
equipos muy cohesionados y permiten explorar distintos roles
y su impacto en el rendimiento del equipo
Desarrollar las habilidades para la toma de decisiones. Los
informes -rápidos y sin ambigüedades- con los resultados
permiten que los participantes comprueben muy claramente las
consecuencias de sus decisiones
Aumentar los conocimientos y habilidades de tipo funcional
Desarrollar las habilidades para enfrentarse al cambio, el
riesgo y la incertidumbre
Todos estos factores explican por qué las simulaciones de
empresa empiezan a ser el núcleo de los cursos tipo MBA en
numerosas Escuelas de Negocios europeas y norteamericanas,
ocupando hasta el 40-50% de las horas lectivas, y la base de
numerosos Seminarios de Formación y Actualización para
ejecutivos.
Qué es una simulación de empresa
El objetivo básico de una simulación de empresa es ayudar a
comprender y a solucionar problemas complejos de la vida
real construyendo una versión más pequeña, simplificada, del
problema que recibe la denominación de “modelo”. Este modelo
puede comprenderse más fácilmente que la realidad que
intenta representar. Es posible manipular el modelo para ver
como se comporta de manera más segura que si lo hiciéramos
con el problema real para avanzar, de esta forma, en la
solución del mismo.
Las simulaciones de empresa sumergen a los alumnos en un
entorno simulado en el que pueden desarrollar todo tipo de
tareas de gestión de forma práctica, de forma que puedan
comprender su funcionamiento interno y dominar las
habilidades necesarias para su concepción, planificación e
implantación. A diferencia de lo que ocurre con el “role
play”, los participantes no tienen que “actuar”. Sus
emociones, personalidades y motivos éticos son los suyos y
no están determinados por ningún "rol." Tienen, simplemente,
que utilizar su propia inteligencia, habilidades,
experiencia y comportamientos para desarrollar un trabajo
funcional determinado (líder del equipo, ejecutivo,
directivo, trabajador, vendedor, cliente, dependiendo del
contenido de la simulación) recurriendo a la ética del mundo
real para guiar sus decisiones.
"Las simulaciones de empresa son herramientas de aprendizaje
que pueden ayudar a los participantes a aprender nuevas
habilidades y comprender el proceso de toma de decisiones.
Los directivos y los empleados de cualquier empresa pueden
aprender, por ejemplo, como crear y trabajar en un equipo de
proyecto o en una empresa simulada o como resolver los
problemas que se les planteen, en un entorno libre de
riesgos en el que no tiene por que preocuparse por la
pérdida de capital o de sus medios de supervivencia."
Harvard Business Review.
La palabra simulación se considera, a veces, demasiado
mecanicista en entornos educativos y se prefiere, en su
lugar, el término “juego”. Sin embargo, este término puede
tener algunas connotaciones negativas: desperdicio de tiempo,
el no tomarse las cosas demasiado en serio y el
comprometerse en un ejercicio cuya única finalidad sería
divertirse. La palabra “juego” puede tener también asociadas
las ideas de competencia, de reglas que no tienen por que
ser siempre obedecidas y de estrategias diseñadas para
confundir a los competidores de maneras que pueden ser poco
apropiadas. Así pues utilizaremos, como hemos venido
haciendo hasta ahora, el término “simulación de empresa”
para referirnos a las herramientas de este tipo que se
utilizan en entornos educativos. Aún así, las simulaciones
divertidas son experiencias memorables. Los participantes
pueden aprender al mismo tiempo que se divirten y la
experiencia de aprendizaje se convierte al algo sumamente
gratificante. Sin darse cuenta, desarrollan e internalizan
una serie de reglas para el éxito que pueden aplicar de
forma intuitiva en el mundo real."
Aunque el divertirse durante una simulación es muy
importante, este no es usualmente el propósito fundamental
del ejercicio. Las simulaciones de empresa permiten a los
participantes aprender sobre diversos factores relevantes
que forman parte de su entorno real de trabajo. Los
participantes pueden poner a prueba sus ideas en un entorno
no amenazante comprobando los resultados de las mismas. Las
simulaciones de empresa no tiene como objetivo el encontrar
la mejor solución posible a un problema, dado que en la
realidad es habitualmente imposible conseguir tal cosa,
siendo también esto cierto incluso en el mundo simplificado
de la simulación.
Las simulaciones de empresa permiten el despliegue de un
amplio rango de comportamientos y decisiones humanas
representadas, a menudo, por los comportamientos de los
compradores, los proveedores o los competidores que
participan en las mismas. Por ejemplo, un ejecutivo de una
empresa de diseño y de fabricación de aviones debe estar
interesado por los modelos desarrollados por las empresas
competidoras. Es posible, por ejemplo, que aunque un nuevo
modelo no vuele mejor que los ya existentes desde un punto
de vista aerodinámico, pueda cambiar las reglas comerciales
del sector debido a que fabricarlo es más barato o a que
consuma menos durante el vuelo. Puede incorporar también
alguna característica particularmente valorada por los
pasajeros, como la capacidad para despegar y aterrizar en
pistas muy cortas permitiendo, de esta forma, el uso de
aeropuertos más cercanos a las ciudades. Las simulaciones de
empresa permiten el despliegue de estos comportamientos
complejos y menos predecibles, haciendo posible que un
equipo participante cambie las “reglas del juego” tomando
determinadas decisiones.
Ventajas y beneficios de las simulaciones de empresa
Numerosos estudios han demostrado que con las simulaciones
los alumnos consiguen grados más altos de conocimiento y
retención de lo aprendido que con otros métodos didácticos.
Entre las numerosas ventajas de las simulaciones cabría
mencionar las siguientes:
Aprender haciendo
Motivación
Entorno libre de riesgos
Trabajo en equipo
Compresión del tiempo
Realismo
Interacción inteligente
Competencia entre participantes
Experiencia comprehensiva de aprendizaje
Aprendizaje acelerado
Escalabilidad
Atención incrementada
que explicamos, a continuación, con más detalle:
Aprender haciendo. El tema dominante en cualquier simulación
de empresa es que el alumno “aprende haciendo”. El entorno
de trabajo es simulado y el alumno tiene que ejecutar todas
las tareas necesarias para desempeñar su trabajo. En un
simulador de vuelo, el piloto ha de despegar, volar
siguiendo una ruta y aterrizar. A lo largo del viaje, pueden
ocurrir incidentes impredecibles y el piloto debe
afrontarlos y resolverlos o se arriesga a una catástrofe.
Las simulaciones facilitan a los participantes un feedback
sin ambigüedades de los resultados, permitiéndoles comprobar
las consecuencias de sus decisiones muy claramente, en “tres
dimensiones”, por ejemplo, desde los puntos de vista
financiero, de recursos humanos y del cliente. De esta
forma, las simulaciones ofrecen a los participantes la
oportunidad, no disponible de otra manera, de comprender de
manera práctica como se interrelacionan las diferentes áreas
de la empresa.
Motivación. Muchos participantes afirman que la faceta de
“diversión” de las simulaciones es el factor que las hace
altamente participativas e interactivas. El elemento de
competición es percibido como algo beneficioso ya que genera
niveles muy altos de compromiso. Muchos participantes
declaran que el tomar parte en una simulación fue una
experiencia de aprendizaje memorable.
Entorno libre de riesgos. Las simulaciones de negocios hacen
posible que los alumnos aprendan a navegar a través de
situaciones muy complejas y problemáticas sin correr ningún
riesgo. En un simulador de vuelo, el piloto puede aprender a
recuperarse frente a fuertes ráfagas de viento o a aterrizar
con un motor incendiado intentando técnicas diferentes hasta
que adquiera la pericia suficiente para aprender cuales son
las que funcionan. En una simulación de empresa, el alumno
puede intentar recuperarse, probando diversas estrategias,
de una situación de poca liquidez, de huelgas, de malas
predicciones de venta, de problemas de capacidad de
producción y de situaciones similares, sin arriesgar la
salud financiera de una empresa real. A lo largo de toda la
simulación, los alumnos aprenden de sus aciertos y sus
errores.
Trabajo en equipo. El desarrollo de las habilidades para el
trabajo en equipo es uno de los beneficios más notorios de
las simulaciones. En muchos casos las simulaciones hacen
posible la formación de equipos muy cohesionados creando el
entorno adecuado para explorar diversos roles, permitiendo a
los participantes aprender que el desempeño de su equipo
está relacionado con su capacidad para ser flexibles,
negociar, comunicarse y clarificar sus roles sin asumirlos
de manera rígida. Las simulaciones también pueden contribuir
al desarrollo de un “lenguaje y comprensión” compartidos por
los miembros del equipo. Esto es particularmente interesante
cuando los participantes en la simulación provienen de la
misma empresa o departamento.
Compresión del tiempo. En la vida real, suele requerir años
el adquirir las habilidades propias de cualquier campo de
especialización, debido a que también puede requerir años el
encontrar todas las situaciones de negocio necesarias para
convertirse en un auténtico experto. También pueden ser
necesarios muchos años para que se alcancen los objetivos
que se buscaban con las decisiones estratégicas que tomó, en
su momento, una empresa y puede ser también muy difícil
comprender como los resultados obtenidos se relacionan con
las decisiones originales. Las buenas simulaciones permiten
comprimir el tiempo de forma que los participantes puedan
desarrollar varios años de experiencia práctica en unos
pocos días, creando entornos de aprendizaje que son más
ricos que los de una clase tradicional y experiencias que
permiten un desarrollo intensivo y un aprendizaje duradero
de habilidades.
Realismo. Las simulaciones de empresa presentan diversos
grados de realismo y sofisticación. Algunas requieren la
ejecución de tareas relativamente simples, como realizar un
balance contable, y el alumno recibe información sobre si ha
realizado esas tareas correctamente o incorrectamente. Otras
requieren la ejecución de tareas complejas con una gran
diversidad de soluciones, ninguna de las cuales es
completamente correcta. Los participantes deben evaluar
compromisos muy sutiles entre decisiones como , por ejemplo,
cuánto invertir en maquinaria para reducir los costes
laborales o si deben recurrir a la subcontratación en lugar
de contratar trabajadores a tiempo completo.
Interacción inteligente. Otra característica de las
simulaciones de empresa que las hace más efectiva es el uso
de personalidades simuladas que interactúan con el alumno.
Estos agentes pueden desempeñar los papeles de subordinados,
colegas, mentores o adversarios. Pueden ayudar al alumno a
desempañarse con éxito en la simulación o pueden retarle
para que desarrolle métodos innovadores para lograr
prosperar en un entorno altamente competitivo. El alumno
puede obtener, por ejemplo, asesoría de varios miembros del
equipo simulados para elaborar un plan de negocios para
defender, a continuación, este plan frente a un panel de
inversores simulados para conseguir financiación.
Competencia entre participantes. La competición entre
equipos puede añadir mucha energía y emoción a la
simulación. De todas formas no conviene olvidar que la
competición es tan sólo un medio para conseguir un fin y que
el objetivo de obtener los mejores resultados debe estar
supeditado a los objetivos de aprendizaje que se persigan.
Experiencia comprehensiva de aprendizaje. Cuando una
simulación de empresa se lleva a cabo en un entorno de
clases presenciales haciendo disponibles, al mosmo tiempo,
materiales de referencia online, la misma se convierte en el
centro de una experiencia comprehensiva de aprendizaje. El
hecho de “aprender haciendo” en un entorno libre de riesgos,
con compresión del tiempo, organizándose y trabajando en
equipo, tomando decisiones estratégicas y operativas,
recibiendo un “feedback” continuo sobre los resultados de
esas decisiones, en un entorno altamente competitivo,
convierte a las simulaciones en la herramienta de
aprendizaje más rápida y más efectiva para desarrollar la
confianza y las habilidades de la fuerza de trabajo de
cualquier empresa
Aprendizaje acelerado. Las simulaciones pueden reducir el
tiempo necesario para adquirir una competencia incrementando
notablemente el grado de su asimilación. Diversos estudios
han demostrado que las simulaciones pueden conseguir que los
participantes se conviertan en expertos en una habilidad
determinada entre cuatro a seis meses antes que aquellos que
han asistido a clases convencionales pero no hann tenido
ocasión de aplicar los conocimientos adquiridos.
Escalabilidad. Las simulaciones son sumamente escalables, lo
que las hace muy productivas en cualquier programa de
aprendizaje. Las simulaciones permiten formar a un mayor
número de personas en un período de tiempo más corto que el
que requieren los métodos de aprendizaje tradicionales.
Atención incrementada. El trabajo en equipo, el feedback
continuo con los resultados, el proceso cíclico de toma de
decisiones y el entorno competitivo aumentan la intensidad y
el tiempo de la atención de los participantes mejorando la
calidad y la retención de lo aprendido.
Las simulaciones son particularmente valiosas cuando tiene
que coordinarse las decisiones de muchas personas para que
una empresa pueda ser efectiva. También lo son cuando el
grado de complejidad del negocio y los desajustes en el
tiempo y la distancia pueden crear malos entendidos entre
directivos.
Las simulaciones pueden aportar grandes beneficios. De
hecho, aquellas empresas que siguen utilizando los métodos
tradicionales de enseñanza en sus programas de formación,
pueden estar desperdiciando mucho tiempo y dinero por
comparación.
Las simulaciones son, también, un medio ideal para
aprovechar la experiencia de los directivos más veteranos.
Cuando se incorporan a la simulación las mejores prácticas
desarrolladas durante años, todos los participantes se
benefician.
Conclusión
Muchas empresas diseñan sus programas de cambio organizativo
persiguiendo ventajas competitivas descubriendo, muchas
veces, que es frustrantemente difícil implantarlos. Esto se
debe a que un programa con éxito depende no solo de
estrategias cuidadosamente concebidas, sino también de una
cultura de empresa que acepte el cambio. No importa lo bien
que haya sido diseñado un programa ni el grado de compromiso
de la alta dirección, ninguna iniciativa de transformación
tendrá éxito a menos que todos y cada uno de los individuos
que forman parte de la empresa estén dispuestos a cambiar su
comportamiento. En este sentido, son los directivos los que
más necesitan desarrollar nuevas habilidades para ayudar al
resto de los empleados de la empresa a modificar hábitos de
trabajo arraigados.
Desgraciadamente, los adultos no cambiamos fácilmente. Las
conferencias, los módulos de formación y los talleres pueden
servir para explicar la mecánica del cambio organizativo,
pero es poco probable que sirvan para revolucionar las
prácticas de trabajo cotidiano. La mayor parte del tiempo,
casi todos aprendemos a través de la experiencia. Pero el
trabajo cotidiano en cualquier empresa raramente facilita
este tipo de aprendizaje. Dado que las demoras y la
complejidad de muchas empresas tiende a oscurecer los
vínculos entre las decisiones tomadas y sus consecuencias.
En condiciones normales, pocos directivos pueden percibir
los resultados totales de sus acciones.
Por ejemplo, el impacto en el negocio de la decisión de
contratar más vendedores puede que no sea visible durante
varios meses, período durante el que otras decisiones
tomadas por la dirección pueden haber modificado la
situación general. Para empeorar las cosas, muchos
directivos solo tienen una perspectiva limitad de su empresa
como una totalidad y, dado que su desempeño suele ser
juzgado por los resultados a corto plazo, tienen muy pocos
incentivos para contemplar los resultados a largo plazo de
sus decisiones.
Las simulaciones de empresa son el medio ideal para superar
estas barreras para el aprendizaje. Un extenso cuerpo de
literatura y de investigaciones empíricas confirma el poder
de las simulaciones para cambiar los comportamientos dando a
los directivos la oportunidad de experimentar, poner a
prueba sus hipótesis y aprender de sus errores en un entorno
libre de riesgos.
De hecho, alrededor de un 60 por ciento de empresas en los
Estados Unidos han utilizado y utilizan algún tipo de
simulación en sus programas de formación para directivos. El
uso de simulaciones de empresa puede revolucionar el
aprendizaje y acelerar la transferencia y aplicación del
conocimiento. Las empresas pueden aprovechar las
características de escalabilidad e inmersión de las
simulaciones para acortar el tiempo de adquisición de
competencias e incrementar su grado de asimilación.
Hoy ya se dispone de un gran número de simulaciones de
empresa “empaquetadas” pero parametrizables y de software
para la creación y mantenimiento de simulaciones a la medida
de fácil uso y en continua actualización. Al mismo tiempo,
la alta dirección está siendo cada vez más receptiva a
nuevas aproximaciones para la implantación de sus
estrategias. Por su parte, los directivos senior e
intermedios están comprobando que sus responsabilidades se
están ampliando y son cada vez más conscientes de que para
desempeñar su trabajo adecuadamente tienen que comprender y
gestionar certeramente la dinámica de las variables de su
negocio. Cuando la alta dirección reconozca su verdadero
poder, las simulaciones de empresa pueden desempeñar un
papel crucial en los procesos de transformación corporativa.
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